Los humanos hemos desarrollado durante miles de años un cerebro que tiende a etiquetar y categorizar todo, ya que nos facilita lidiar con el mundo que nos rodea.

Esta capacidad, sin embargo, también nos impedirá “ver” mas allá una vez que ya hayamos marcado o categorizado a alguien o algo de alguna manera.

Esto se llama estrechez mental o prejuicio.

Cuando vemos o escuchamos que alguien está haciendo algo malo, inmediatamente, e incluso inconscientemente, marcamos a ese individuo como malo o malvado.

De la misma manera, cuando vemos o escuchamos que alguien está haciendo algo bueno, inmediatamente, y de manera subconsciente, marcamos a esa persona como buena.

Uno, de los muchos rasgos maravillosos del pensamiento crítico, es el de la mentalidad abierta.

La mentalidad abierta nos ayuda a evitar la trampa del prejuicio y la categorización por defecto.

Mantener la mente abierta no es una tarea fácil, especialmente una vez que ya tenemos muchas experiencias en una dirección determinada, o de un tinte pre-determinado.

Por tanto, mantener la mente abierta requiere un gran esfuerzo y, por supuesto, de pensamiento crítico.

Una de las mejores herramientas para avanzar y evitar los prejuicios o categorizar a alguien o algo es preguntarnos “¿Que tal si”?

En lugar de preguntar “¿Por qué?,” que es invitar a una respuesta que puede o no entrar por la puerta, preguntar “¿Que tal si?” es como mirar a través de una ventana, lo que nos ayuda inmediatamente a mantener la mente abierta de forma automatica.

Todos hemos cometido actos que podrían ser etiquetados o categorizados como ‘buenos’ y / o ‘malos’, pero eso no tiene por qué convertirnos en personas ‘buenas’ o ‘malas’.

Los humanos, somos mucho más que la simple suma de nuestras partes.

Tenemos un cerebro que ha evolucionado durante eones con capacidades que ni siquiera las computadoras cuánticas se acercan.

Una de estas habilidades es la del amor.

¡Sí, amar es una habilidad!

Estoy hablando, por supuesto, del amor verdadero, es decir, Ágape, no Eros o simple atracción física.

El amor, como dijo una vez Einstein a su hija en una carta, es la fuerza más poderosa del universo.

Einstein dijo a su hija:

“Cada individuo lleva dentro un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada. Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, habremos afirmado que el amor lo conquista todo, es capaz de trascender todo y cualquier cosa, porque el amor es la quintaesencia de la vida.”

Ejerzamos ese poder nuestro dado por Dios, ejercitemos nuestro amor todos los días.

Pero ejerzamos el amor no solo con aquellos que nos aman, porque, como Jesús señaló, “¿Qué mérito hay en amar solo a los que nos aman a cambio”?

Debemos ejercer nuestro amor con aquellos a quienes quizás odiamos y con aquellos que quizás nos odian.

Todo Lo Que Queremos Es Amor!

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