Mis Encuentros Con La Muerte

He sido tan afortunado que a pesar de haber tenido al menos tres encuentros con la muerte, de los que estoy plenamente consciente, aun sigo entre los vivos!

Mi primer encuentro con la muerte tuvo lugar, aunque usted no lo crea, antes de que yo naciera!

Debe preguntarse de qué estoy hablando.

Este primer encuentro tuvo un final feliz gracias al poderoso deseo de mi padre de devolverle la vida a mi madre cuando le dijeron que estaba muerta. Mi madre ya había dado a luz a cuatro de mis hermanos y mi padre no podía aceptar el hecho de que enfrentarían una vida sin su madre (Puede leer cómo se sintió mi padre exactamente leyendo su verso El Milagro que escribió poco después).

Mi madre estaba embarazada de unos seis meses conmigo en su vientre cuando sufrió una embolia pulmonar que hizo que su corazón se detuviera. Cuando mi padre llegó al hospital, tres médicos le dijeron: “Sentimos mucho que su esposa haya muerto.”

La mayoría de maridos habría aceptado el veredicto con lágrimas en los ojos y aunque a regañadientes, sintiendo también lástima por los cuatro niños pequeños que habrían quedado huérfanos de madre.

Mi padre, sin embargo, que por cierto, antes de convertirse en ingeniero civil había estudiado medicina durante un año, pidió un nuevo fármaco que apenas se estaba probando, a saber, el levophed (bitartrato de norepinefrina) que es vasoconstrictor, similar a la adrenalina, utilizado para tratar la presión arterial baja potencialmente mortal (hipotensión). Como mi madre ya había sido declarada muerta, los médicos no tuvieron ningún problema en darle a mi padre este nuevo medicamento. Por cierto, esta droga es tan potente que le quemó la muñeca a mi madre cuando mi padre derramó un poco mientras intentaba insertar la aguja, la cicatriz es visible hasta el día de hoy.

Después de una infusión intravenosa de este medicamento en el brazo de mi madre, mi padre pasó toda la noche tratando de encontrar el pulso o escuchar los latidos del corazón. Finalmente pudo escuchar un latido muy débil y el resto es historia. Mi madre tiene ahora 87 años. Mi padre murió en 2011, tenía 84 años.

Yo nací unos meses después morado, con hipoxia, ¡pero vivo!

Mi segundo encuentro con la muerte tuvo lugar cuando estaba en la escuela primaria.

Estaba disfrutando de un ‘jawbreaker’ (una de esas bolas de caramelo duro) y al mismo tiempo estaba maldiciendo a alguien por alguna razón que ya no recuerdo.

Todo lo que recuerdo vívidamente es el hecho de que la bola de caramelo entró en mi garganta y comencé a ahogarme!

Apenas podía tomar un poco de aire cuando al tratar de respirar la bola de caramelo subía un poco en mi garganta para luego bloquearla por completo y caer nuevamente en medio de mi garganta.

Bajo esta circunstancia que amenazaba mi vida, mi cerebro parecía haberse iluminado y pensé con calma “tal vez si bebo agua, la bola de caramelo pasará por mi garganta”. Logré caminar unos pasos hasta el bar de la escuela e hice un gesto de necesidad de agua. Curiosamente, ¡no tenían agua!

Entonces mi mente me llevó a una fuente de agua portátil a unos metros de distancia. ¡Abrí el grifo pero estaba vacío! Ahora sé que esto fue la providencia, porque si hubiese bebido agua, mis posibilidades de supervivencia habrían sido nulas, ya que el poco aire que aún podía respirar se habría bloqueado por completo.

Entonces caí de rodillas, mi mente, en un intento desesperado por sobrevivir, hizo que mi estómago se contraiga con suficiente fuerza para expulsar la bola de caramelo de mi garganta.

ahhHH!

Tomé el mayor respiro de aire que jamás haya tomado en mi vida!

Y sentí tanto alivio que solo puede imaginarlo si alguna vez ha pasado por una situación de vida o muerte como esta. Desde entonces, cada vez que tengo que tragar una pastilla, tengo que obligar a mi mente a hacerlo porque, aunque haya pasado medio siglo, mi mento no puede borrar aquella experiencia.

Mi tercer encuentro con la muerte tuvo lugar hace unos dos años cuando al regresar de la India tuve un poco de dolor en mi espalda baja por el viaje, por lo que me inyecté una Bedoyecta (complejo de vitamina B12) que lamentablement había expirado y entré en un shock anafiláctico.

Recuerdo que comencé a sentirme sin aliento a mitad del proceso de inyección, pero sigo empujando la jeringa pensando que el pequeño mareo y la falta de aliento que sentía se debía al hecho de que nunca me gustó que las agujas me perforaran el cuerpo, especialmente si alguien más sostiene la aguja.

Una vez que terminé de inyectarme, la dificultad para respirar se hizo más fuerte y, cuando salí del baño en la casa de una de mis hijas, ella viendome lívido, me preguntó qué me pasaba, le dije: “Tengo dificultad para respirar.”

La providencia, una vez más al rescate, movió a mi yerno a que impulsivamente me trajera un Dr. Pepper frío, tan pronto como tomé el primer sorbo, sentí que la vida regresaba a mi cuerpo mientras la cafeína forzaba mi sangre a superar el shock anafiláctico.

¡Qué alivio poder respirar normalmente de nuevo!

Confio que mi encuentro definitivo con la muerte sea uno placentero.

JC Wandemberg Ph.D.

Sustainable Systems International

Sobre el author: El Dr. Wandemberg es consultor internacional, catedrático y analista de asuntos económicos, ambientales, sociales, administrativos, y politicos. Por los últimos 30 años el Dr. Wandemberg ha colaborado con corporaciones, comunidades, y organizaciones integrando sostenibilidad a través de procesos de auto-transformación orgnizacional y mediante Principios de Diseño de Sistemas Abiertos, catalizando una Cultura de Transparencia, Confianza, e Integridad.

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